Ahora que viene el fin de semana muchos de nosotros estamos deseando salir de fiesta o, con este fresquito tropical que hace, organizar algún plan para emborracharnos en casa de algún colega o desconocido de la forma más original posible. En el segundo caso, la creatividad a la hora de confeccionar esos momentos inolvidables, los que luego serán trasladados a las redes sociales para vergüenza de todo buen cristiano, es extensa. Es un arte que ha pasado de padres a hijos, de hermanos mayores a hermanos pequeños, del dicharachero maestro Marcial a los alumnos… Y nunca ha dejado de alimentarse con nuevos formatos, cada vez más originales y avanzados
Los juegos todos los públicos son los que despiertan nuestro lado más elemental; solo con ponernos a los mandos de un Kart o agarrar el micrófono del Singstar sale nuestro yo simiesco. Deseamos acabar con nuestros competidores, dejarlos por los suelos, demostrar que somos los reyes :D de la fiesta y orinar en su territorio con orgullo.
Mario Party 9 es un gran ejemplo de juego aparentemente inofensivo. Tras una apariencia alegre y amistosa —nintendera; dígase sin tapujos y con orgullo— reside un verdadero chute de adrenalina asesina que traspasa barreras. Solo hemos podido probarlo con otros compañeros de otros medios, pero el odio y las ganas de pisar sus caras se nos antojó ancestral… Las ganas de hacer saltar el gordo trasero de Wario y aplastarles a todos nos abrasaron por dentro en lo más hondo de nuestras almitas mortales.
Y es que Mario Party 9 engloba, una vez más, todo lo tremendamente adictivo de un juego de Nintendo y la fórmula más efectiva para pasarlo en grande desde tiempos inmemoriales: los juegos de mesa. Pero, en esta ocasión, vuelve con nuevas fuerzas y nuevas ideas (de la mano del nuevo estudio de desarrollo, Nd Cube Co.)
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